No voy a entrar mucho en la materia, pero yo también fui un damnificado del Huracán “Lane” y durante esos dos días en los que no podía hacer otra cosa mas que esperar leí la última novela del escritor inglés Wilbur Smith; un libro que por su tamaño y su peso debería de amilanar a cualquiera, pero no a un servidor que tenía frente a sí dos desolados días sin mucho en perspectiva. Smith tiene merecida fama en el continente por la adrenalina que le imprime a sus escritos, acción que nunca para y, según oí, escenas sexuales candentes aunque eso es un viejo truco para vender mas ejemplares a los viejos “rabo verdes” a quienes las únicas mujeres que se les acercan son las que piden la limosna en las iglesias. Pero a fin de cuentas Smith era un escritor que no había leído nunca en mis excursiones bestsellerianas. Así que dado que no había de otra me enfrasqué en una aventura que se lleva a cabo en medio del desierto norafricano donde solamente abrir el libro se escenifica el asesinato artero de un arqueólogo delante de los mismo ojos de Royan su joven y atractiva esposa que escapa nadando de noche en un lago, en medio de una lluvia de balas (escena grabada seguramente en Culiacán en un año nuevo) Un asesinato tan sin sentido que poco a poco va cobrando su significado cuando Royan se embarca a su natal Inglaterra a buscar ayuda para descubrir a los asesinos de su esposo. Un digno principio de una aventura que cobra impulso con cada página que vamos dando vuelta. Y en efecto Smith se muestra un maestro en el arte de narrar: minucioso, buen conocedor de su entorno y el mejor informado de todo lo que va narrando, se ve a leguas que duró muchos años aprendiendo los usos y costumbres de los cristianos coptos de Egipto y sus contrapartes los coptos de Etiopía, de hecho de todos los escritores de su calaña: Cussler, Grisham, Le Carré, et al es el mejor en el arte de informar y eso se agradece, ya que se aprende una enormidad de cosas al mismo tiempo que se desarrolla la trama. De tal suerte que nunca tropieza, nunca decae la aventura y es entretenido el viaje de la mano de este guía. Una historia que se inició hace ya casi 3,000 años cuando los egipcios tenían guerras de dominación y fueron vencidos por los hititas solo para regresar por sus fueros 100 años después. Es ahí en ese momento cuando es enterrado con mucho bombo un faraón y en el tiempo presente esa tumba perdida está a punto de ser descubierta en uno de los lugares mas inhóspitos del planeta y en un sitio que seguramente ningún arqueólogo ha buscado antes. Ingeniosa trama que nos lleva lo mismo a las montañas de Alemania que a las mansiones señoriales de la lluviosa Inglaterra, del desierto a los copos de nieve mientras le vamos siguiendo la pista a un explorador que pretende lo mismo quedarse con un tesoro como con nuestra heroína. Por supuesto que la lucha por la posesión del manuscrito es brutal y los asesinatos se suceden uno tras otro implacablemente. En verdad el libro está menos peor de lo que suena, se deja leer y nos muestra el lado oscuro de las corporaciones que 150 años después de la novela de Conrad siguen expoliando los tesoros de esa Africa que se entrega a todo aquel que lleve dinero. Ya lo ha intentado hacer Le Carré anteriormente con El Jardinero Constante y las corporaciones farmacéuticas y ahora son las compañías mineras las villanas, pero el caso es que el libro puede leerse como una parábola de la desaparición de un mundo antiguo a manos de una civilización que avanza, pero no se sabe si en el sentido correcto. Buen escritor, buena lectura, vacaciones forzosas y una promesa incumplida: las escenas candentes de sexo nunca se materializaron, tal vez busqué en el libro equivocado del autor, tal vez estuve tan “metido” en la trama que no las leí, tal vez ya soy un “rabo verde” ,tal vez. The Seventh Scroll (Pan Books, 1996, $9.99CD, 708 pp.)