El Cártel de Washington

Enero 20, 2007

La novela policíaca en la actualidad tiene muchos nombres y muchos defensores, no abundaremos aquí en quien tiene la razón. Los admiradores de George Pelecanos son muchos y leo sus comentarios en los foros apropiados comentando su absoluta maestría en retratar los bajos fondos y la manera en que se desenvuelven sus habitantes. Les creo cuando dicen que Pelecanos es el mejor autor de novelas policíacas actualmente. Hay otros que comentan que el sueco Henning Mankell es el autor a seguir en la actualidad, ya que su dominio en retratar la soledad del detective Wallander es lo que le da un toque de sinceridad a sus escritos. Yo les creo cuando dicen que Mankell es el mejor escritor de novelas policiacas actualmente. Hay otros obsesos con Petros Markaris, obviamente griego, ya que su detective Jaritos es ante todo una especie de “Gutierritos” manejado a su antojo por Adrianí su mujer, yo les creo cuando dicen que seguramente Markaris es el mejor escritor de novela policíaca actualmente. Por supuesto que a todos les creo, sin embargo hay muchas cosas que no me gustan de cada autor. Mankell es aburrido como una ostra y a sus novelas les falta emoción, adrenalina y vida en general. Markaris tiene sus altas y bajas pero su filiación tan baja en el departamento de policía lo hace un héroe muy poco plausible para los tiempos que corren y Pelecanos, bueno Pelecanos es otra historia, ya que sabe bastante de lo que habla. Se ve que ha recorrido los barrios bajos en su totalidad y ha andado de noche con las pandillas. Ha comprado armas y ha escuchado cuando las mas famosas gangs se reunen en los parques a “pushar” la droga, los famosos “clockers” de Spike Lee. Ha estado al pendiente de las redadas y ha conocido a las prostitutas que deambulan por las banquetas de muchos barrios de ese Washington que no se decide a ser una ciudad del Siglo XXI y sus usos y costumbres la mantiene aun en los finales de un siglo donde imperaba la ley de la pistola mas grande. Una ciudad que ha corrido a un alcalde porque se le encontró en un cuartucho de hotel comprando, y usando “crack” solo para volver a votar por él y elegirlo de nuevo a ese puesto cuando dijo que ya había sido desintoxicado. Una ciudad increíble en la que puede pasar cualquier historia. Esa es la ciudad que describe Pelecanos en sus libros. Sus habitantes que o son políticos o son de los barrios bajos, no hay intermedios como en las otras ciudades, sólo Detroit se le compara en dureza y fealdad. Es ahí donde un maduro detective particular negro y recién casado con su recepcionista recibe una visita en su despacho de un joven que busca desesperadamente a su antigua novia y ahí comienza un caso que segará la vida de muchos al quedar en medio de una lucha de capos por el territorio de un parque adjunto a una escuela primaria. Muertos sobrarán y las armas fluyen como si fuera agua de uso. Lo mas parecido a la realidad culichi que he visto en una novela, porque aquí hay asesinatos por diversión y por deudas, por amor y por odio, el caso es demostrar que las armas se compraron para usarlas no para guardarlas en vitrinas. Es esta descripción en la que el autor sabe exactamente que lenguaje usarán negros y blancos. Derek Strange es el detective que se verá envuelto en esta trama inusual por su crudeza y tendrá ayuda de Terry Quinn, un expolicía de origen irlandés para salir con vida de la lluvia de balas que se genera. Una novela que se lee como un cuento de cautela a lo que nuestra ciudad puede llegar con un poco de ayuda de unos cuantos desesperados. Una historia que se lee con calma por las lecciones que genera,pero si usted me sigue preguntando y me presiona a hacerlo le diré la verdad: yo todavía sigo prefiriendo las novelas de Connelly son mas crudas que un filete a la tártara, que un camarón en ceviche y que una novia después de la boda. Música de Callejón (Ediciones B, 2004, $120.00, 335 pp.)

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