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Se acaba la fiesta

Septiembre 8, 2006

La fiesta ha sido muy larga para un escritor sinaloense bastante conocido. Una extensa ceremonia en la que todos hemos sido testigos de la celebración, del jolgorio y de las festividades. Ha sido ensalzado, ha recibido jaculatorias y ha sido entronizado por sus simpatizantes. De alguna manera la vida le ha sonreído y lo ha cobijado para que nada malo le suceda, no cabe duda de que en cierta medida es un “elegido” para contar la historia de su pueblo, de esa sociedad cuya lógica se me escapa, de esos habitantes de una ciudad lo mas parecida a Macondo que he visto, por el Realismo Mágico que vemos en cada esquina; en efecto, de cualquier piedra que levantes salen dos mujeres que harían humilde a cualquier Señorita México, una ciudad donde los egresados de una carrera no encuentran trabajo y miles de jóvenes que sin haber estudiado siquiera traen automóviles de importación acompañados, ustedes lo adivinaron ya, de las dos mujeres que salieron de debajo de la piedra y los egresados universitarios, bien gracias, haciendo cola en las empresas a ver si les tiran un puesto de siquiera 3 salarios mínimos. Esa es la ciudad donde vivimos y esa es la sociedad que retrata en cada uno de sus libros el autor ya antes mencionado. La opinión del público ya ha sido dada cuando de su primera novela se han tirado ya 16,000 ejemplares, pero ¿qué hubiera sido de la obra de Leonides Alfaro Bedoya si no hubiera sido por Leonides Alfaro Bedoya? Tal vez ya hubiera perecido en la desmemoria, pero afortunadamente el primero que creyó en él es por supuesto el mismo autor que se ha dedicado en cuerpo y alma a promoverse en todos los foros habidos y por haber y merced a ese empuje ha visto su obra ser publicada en otros continentes, a pesar de todo ¿y César López Cuadras? Bien gracias. Gracias a esa bujía siempre encendida, a ese motor bien aceitado, a esa tenacidad estoy seguro que con un poco mas de esfuerzo va a ser candidato al Premio Nóbel, Leonides es capaz de eso y muchas cosas mas, estoy convencido que si se lo propone van a hacer obligatorio en las preparatorias La Maldición de Malverde en lugar del Pedro Páramo una vez que haya muerto el autor y se celebren sus exequias. Sin embargo la opinión de esta columna casi nunca está en sintonía con la opinión pública ( o mas bien a la opinión pública no le interesa lo que se diga en esta columna, para los tres que la leen) y después de haber leído su última novela me siento en bastante desventaja al tratar de hacer una crónica de ella, en primer lugar porque la música de banda no me gusta, los narcos me dan risa por nacos y nunca he sido muy devoto del Santo que tiene su templo sin campanas por allá por los rumbos del Palacio de Gobierno. Asi que a pesar de todo eso intenté leerla y para mi sorpresa después de las primeras 15 páginas descubrí que era muy buena (así lo dije en un programa de radio) pero desafortunadamente todavía tenía por delante otras 220 páginas mas que me dijeron que estaba equivocado. El planteamiento original es adecuado, la premisa es buena, la presentación editorial es bastante sorprendente para haber sido una edición de autor y la inclusión de elementos sobrenaturales es una afortunada decisión de parte de Leonides, pero hay muchas circunstancias que impidieron que esta fuera una obra memorable, la mas importante de todas es la nulidad ortográfica de la edición, de hecho pierdes el hilo de lo narrado por estarla revisando por errores ortográficos (ombligo es sin h) además nunca jamás alcanzan sus personajes alguna profundidad psicológica que los redima y nos expliquen exactamente porqué actúan de esa manera, los diálogos son primitivos en algunos casos y además la investigación detectivesca es de risa loca, junto con el periodista que viene a investigar los asesinatos (mal personaje). Y es una lástima que teniendo todas las cartas importantes en la mano el escritor pierda el juego, porque siendo honestos el libro tiene momentos brillantes: el diálogo con la cabeza del padre, el asunto de la cervecería que no existe, un asesino serial en Culiacán, las fotografías, etc. Lástima que Leonides no tuvo un editor a su lado que le hiciera ver como “cerrar” bien su libro y como conjuntar los elementos para que hubiera sido sin ningún lugar a dudas, un gran libro que me hubiera gustado recomendar a todo el que se me pusiera delante en lugar de estar escribiendo esto. Pero esta es sencillamente mi opinión y ¿que puedo yo hacer contra la opinión del grueso del público? Seguramente se venderá por cajas. Pero bueno, a fin de cuentas el luchador de Leonides se lo merece, yo lo admiro por eso. En el Casi Ombligo del Mundo (Godesca, 2006, $150.00, 235 pp.)