Muchos de los libros que he leído han sido tarea de mis hijas, así ha pasado por aquí Savater cortesía de mi hija Norah y ahora mi hija Karla me presenta a Sandra Cisneros, ya que tiene la asignatura de leer y preparar un ensayo sobre su libro mas conocido. Cisneros es presumiblemente el nombre mas mencionado dentro del panteón de escritores latinos viviendo en Estados Unidos y escribiendo en Inglés. Los otros son por supuesto Hijuelos y sus The Mambo Kings y en menor medida Julia Alvarez con sus libros feministas, aunque agudos en ocasiones mostrando que las debilidades en una mujer son fortalezas si se utilizan del modo correcto pero la estrella mas visible es por supuesto Sandra que desde su ciudad de Chicago, donde comparte territorio con los Bulls y por supuesto con el Hospital del Condado donde se filma E.R., salió de las filas de un taller de Literatura (Creative Writing) ( único caso que conozco) para hacer una carrera con sus escritos. Desde poesía hasta ensayo esta mujer ha demostrado que está llena de fuego: “I’m an aim-well, / shoot-sharp, / sharp-tongued, / sharp-thinking, / fast-speaking, /foot-loose, /loose-tongued, /let-loose, /woman-on-the-loose / loose woman. / Beware, honey” (Soy una apunta bien / tiro-seguro / lengua-aguda / piensa-agudo / habla-rápido / pie-suelto / lengua-suelta / suelta-libre / mujer-suelta / suelta-mujer / cuidado cariño) o algo así que nos denota una mujer segura de si misma y que sabe que es incontrolable e indomeñable. O por lo menos en sus versos es lo que nos promete. Esta Sandra es la que molesta con uno de sus maestros por las descripciones tan poco realistas de las vecindades latinas decidió un buen día ponerle el ejemplo y comenzó a escribir un libro que al pasar de los años ha sido seguramente el mas utilizado en preparatorias y secundarias a lo largo del país vecino para demostrar la dureza y aun así dulzura de crecer en la parte latina de la ciudad. Ese barrio que el sajón no conoce porque nunca lo ha visitado por temor. Sandra tuvo éxito con su libro y ha sido traducido ya desde hace tiempo al español y aun a otros idiomas y se han vendido millones de ejemplares. Por lo que leer un libro así se torna pertinente para cualquier lector inteligente que desee conocer el status-quo de la Literatura mundial. Lo primero que te llama la atención es que Sandra prefirió poner como narradora a una niña pequeña para poder mostrar la ingenuidad del mundo donde un latino crecía. Hay rudeza pero no todo el tiempo ni para todos y en ese ambiente el no tener dinero no es pecado, un niño lo sabe. De tal suerte que nuestra narradora nos lleva a conocer su nueva casa y a sus vecinos. Lo segundo es que en realidad no es una novela sino una serie de viñetas que están levemente conectadas entre sí. Pequeñas ilustraciones que desconciertan en principio por la sencillez de las mismas y que te recuerdan por supuesto a Juan Ramón Jiménez y su Platero y Yo. De tal manera que la maestría consiste en enseñarnos retazos que al final nos darán un mosaico completo sobre lo que es crecer en el getto latino. Lo que me molesta es precisamente lo mismo: que para el sajón esta sea la manera de conocer nuestros escritores, creyendo tal vez que somos pintores naif sin conocer a los grandes maestros. Creyendo, tal vez, que por ser latinos sólo utilizamos parábolas o fábulas y ya que crezcamos tal vez produciremos nuestro Ulises. De esta manera es como me siento al leer este pequeño libro que seguramente crecerá con usted e insistirá en conocer mas de cerca las aventuras de Esperanza en su nueva casa (para ella lo es aunque la puerta no cierre bien por lo vieja). Y el caso de sus vecinos, algunos todavía soñando con Puerto Rico y otros lugares que ya pertenecen a la mitología popular. The House on Mango Street (Vintage, 1991, $10.95 USD, 128 pp.)