Hay cosas imposibles, como ser humano uno tiene limitaciones y una de ellas es la de poder dejar de leer a Clive Cussler. Una vez que se abre el libro no existe poder humano que te impida dejar de leer. Sus novelas anteriores como Iceberg, Raise the Titanic constituyen un excelente ejemplo de un autor que sabe como manejar la tensión. Cuando crees que ya estás a salvo, algo nuevo viene a la vuelta del camino. En su nuevo libro El Imperio del Agua (Plaza & Janes, 1998, 618 pp) se nos presentan una serie nueva de aventuras para que su héroe Dirk Pitt se luzca. En esta ocasión un villano chino multimillonario intenta inundar de ilegales a Estados Unidos y tiene un siniestro plan para desviar de su curso al río Mississippi para que su puerto en medio de los manglares de Louisiana sea el mayor del Golfo, ahogando en la operación a mas de 200,000 gringos. ¿Bizarro verdad?, pero espere aun no ha oído todo. Existe un barco hundido en alguna parte con los tesoros de la China milenaria, entre ellos los restos desaparecidos del Hombre de Pekín. Adivine quién detiene a los ilegales, aborta la operación del río y encuentra el tesoro. Discúlpeme si se lo platico pero desde el momento que abre un libro de Cussler ya sabe usted que va a pasar, es como las telenovelas del 2.
Lo que le da ese toque tan particular del libro es que el autor en realidad es exactamente igual que su héroe, sólo que en versión fea, igual que Pitt él colecciona automóviles antiguos, es un experto submarinista y la mayor parte del tiempo se la pasa descubriendo tesoros hundidos, por lo mismo cuando se dedica a describir las profundidades submarinas o la vida a bordo de un buque o submarino uno sabe que está hablando alguien real, que conoce su oficio no lo estudió teóricamente para escribir un libro. Lo mismo pasaba con Ian Fleming quien en su vida real era espía como su héroe 007 y John Grisham con sus novelas de abogados. Si disfruta las películas de James Bond este es el libro que le gustará, pero si tiene problemas con un héroe que va a bucear exactamente en el mismo momento en el que en el mismo lago alguien tira por la borda de noche un monumento de mujer amarrada de pies y manos y la salva sin querer pues de verdad le tomará gusto y se hará fanático de Cussler. Las descripciones de un presidente corrupto le dan un toque actual al libro y lo pone en perspectiva contemporánea. Definitivamente que en este género el único que sabe escribir bien es Ludlum. Ni Clancy, ni Follet, ni Cussler manejan los diálogos de una manera correcta, pero uno no va al cine a ver una película de Stallone y sale peleando porque los diálogos son malos. La verdad es que es un libro que refresca y se antoja para una tarde de verano, léalo y si se pica busque los primeros del autor, son aun mejores. Feliz lectura.