Por años le he estado pidiendo a mi amigo Rafael Valdez Aguilar el que se ponga a hacer un poco de entretenimiento con la historia del noroeste. El que llene los huecos que como queso gruyere conforman lo que conocemos como “historia oficial” . Unos porque no sabían escribir y otros porque estaban ocupados “apaciguando” indios el caso es que hace falta historia documental sobre la conquista de este territorio agreste plagado de acaxees que veían a los españoles y a sus caballos como niño que ve una bolsa de papas fritas: con cara de hambre. Deben de existir historias maravillosas sobre ese pasado tan reciente: de amor, lo mismo que de guerra, cuentos para niños y algunas historias que seguramente “pararían lo s pelos de punta” de cualquier sicario que se respete por lo violentas. Y sin embargo a ningún historiador le ha dado por contarlas, tiene que venir un becario profesional como César Ibarra a hacerlo, inventando ahí donde hacía falta (que es la mas de las veces) y poniendo historia ahí donde se sabe de seguro. César trabajó algunos años en Difocur y se dio cuenta que teníamos ganas de escuchar otras historias que las de “cholos” que pululan por su primera producción. Esas ya fueron exploradas por su maestro Elmer y por su contemporáneo Leonides ( o Leónidas o como se llame esta semana) esos personajes del Culiacán de los setentas y ochentas que todos conocimos y todos usamos para asustar a algún júnior que nos quitara una novia: “vas a ver, te voy a echar a mis amigos de la Rosales” como grito para que el sujeto anduviera con precaución unos días. Pero aún de esa época no se ha escrito la obra definitiva, aunque pensándola bien a Sinaloa le hacen falta historias definitivas de todo: la gran novela del narcotráfico, la gran novela del Odilón, la gran novela de los migrantes de Oaxaca, etc. De tal manera que nuestro amigo Ibarra se apunta para escribir la gran novela de la conquista del noroeste del país y no lo consigue, pero en el camino se divierte y nos hace pasar a nosotros un rato agradable leyéndola. El resultado es un libro que maneja un buen lenguaje, un lenguaje creíble, hay que darle puntos extra por la tarea que se aventó el César al investigarlo, pero se parece su obra al mapa de Inglaterra de los años setenta: está lleno de caminos hermosos que no conducen a ningún lado. Promesas, sugerencias, “fintas” que indicaban tal vez la redención del texto y el desarrollo de alguna trama inusual que nos permitiera continuar embelesados con el florido lenguaje que maneja. Pero el texto discurre con normalidad, sin atrevimientos, al “mirón” lo decapitan abruptamente antes de que el libro tome un derrotero interesante y Flor de Agua se antoja muy Señorita México para ser cierta. Ayapín es impetuoso, pero no logra ser un personaje principal por mas que deambule por todas las páginas del libro. No fue personaje tampoco la ciudad de Culiacán, ni el eterno encono entre los conquistadores. Todo pasa muy deprisa y sugerido, pero la acción de guerra estuvo falta de ese golpe frontal que hubiera hecho rendirse a la ciudad. En fin, el caso es que me hubiera gustado que el literato hubiera prevalecido y el libro hubiera adquirido una dimensión extraordinaria, no terrenal, mas incorpórea, tal vez, mas tórrida o mas marcial, pero el libro terminó asi constreñido por los sellos que abundan por todas partes: Forca, Conaculta-Cecut, Difocur y otros mas que dado mi provecta y avanzada edad no alcanzo a distinguir mas que como “borrones” en la parte posterior. De tal manera que ése es el libro que salió de tan larga gestación y que intercala lo mismo texto propio como parte de la crónica de Gonzalo López. Un texto decente que seguramente será una estación en el camino ascendente de este escritor sinaloense. César nos muestra que como Elmer, ël también es un avaro coleccionista del lenguaje y que merced a eso nos dará mas textos para la eterna gloria de las letras sinaloenses y su panteón inmortal: Nakayama, El “Guacho” Félix, Mendoza, Alfaro, Aragón, Rodríguez, et al. De tal manera que mi César sígale escribiendo que esa historia maravillosa aun está por venir. Cruz del Norte (Forca, 2005, $120.00, 145 pp.)