Hay libros que no me atrevería a comprar por temor a caer en las garras asesinas de un cínico del lenguaje, de un escritor que utilice las palabras como dardos para herirte y dejarte moribundo a la vera del camino con su libro aun en las manos, un artesano de las palabras para quien los verbos y adjetivos deben de ser alejados de su pluma porque salen envenenados y altamente tóxicos para la imaginación febril de unos cuantos lectores débiles de juicio. Temor también a escritores que utilicen el humor de manera inteligente y pueda ser mortal el enfrentarte a sus ditirambos y alucinaciones que te incapacitarían por lo menos una semana sin ir a trabajar del dolor de estómago de tanto reirte inundados aun de la tibia gentileza y brillantez que hicieron de Oscar Wilde un hombre mas peligroso que Saddam Hussein. Temor a escritores cuya trama te mantenga desvelado hasta altas horas de la madrugada con miedo a dormirte y no saber en que terminará el relato y sea imposible para ti el dejar esas páginas en otro lado que no sea frente a tus ojos como hipnotizado recorriendo cada capítulo observando posibles y astutas variaciones que enriquezcan aun mas, si eso fuera posible, el desarrollo de la trama que parece no tener fin por las gentiles variaciones que se le imprime a cada vuelta de página. Temor, por supuesto de enfrentarme a escritores que hayan nacido después que yo y cuyos escritos sean tan brillantes que destrocen mi ego (como si eso fuera posible) y me hagan vivir el purgatorio de una agonía y desesperación por no haber podido nunca escribir así y haber terminado mi vida escribiendo estas cosas en los periódicos donde seguramente no entregan Premios Nobel ni te hacen homenajes póstumos (los mejores y mas emotivos de todos). Afortunadamente ninguno de estos peligros te acechan leyendo la última novela de Fabrizio Mejía Madrid, que es mas plana que el pecho de una adolescente y mas insípida que la sopa que me hacía mi abuela cuando iba a verla (sufría anosmia la pobre). Intenta ser divertida y si digámoslo que en ocasiones arrancó un movimiento involuntario de la comisura de mis labios, intenta ser una novela inteligente y si digámoslo que me arrancó un movimiento neuronal que pasaría por vida en el Cat Scan de un moribundo y quiso ser una astuta novela que fuera divertida e increíblemente mordaz sobre el ambiente político mexicano y si fue novela (sin adjetivos). De tal suerte que no se asombren si no nombro este libro entre los mejores del 2006. Un trabajo que intenta restablecer los cánones de la narrativa política y ponerla al día ahora que es definitivo que Ibarguengoitia ha muerto (¿ya se murió verdad?) y todavía nadie ha solicitado su puesto de bufón inteligente que declaraba a todos los vientos que el rey iba desnudo. Y es una tristeza porque no recuerdo una monarquía (perdón) presidencia tan fácil de caricaturizar como la que nos rige actualmente y que se presta para miles de dibujos y retruécanos infinitos sobre buenas intenciones y hechos cómicos al por mayor, sólo Pascual Ortiz Rubio podría ganar en una carrera al ridículo profundo, de hecho sus hijos pelearon en tribunales el derecho a juntar el apellido y apellidarse para siempre Ortiz Rubio en vez de sólo Ortiz, pobres, en el pecado llevarán la penitencia eterna. Pero ahora en este libro nos enfrentamos a una búsqueda sin sentido de un Licenciado X que es el que está boicoteando la candidatura del candidato oficial y se comisiona a una pieza de desecho del partido para que lo localice y lea sus intenciones ocultas. Una lectura sencilla de un problema complejo, ya que la clase política mexicana no cabe en un solo tomo y requiere mas talento que el que carga sobre los hombros este escritor para describirla, así que como dijo el gran sabio, no se si fue Sócrates o Aristóteles: Lástima Margarito. El Rencor (Planeta, 2006, $185.00, 185 pp.)