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Saramago turco

Diciembre 24, 2006

Mucho se ha comentado acerca de Turquía en las noticias actuales, ya que al estar intentando entrar a la Unión Europea debe hacer concesiones de todo tipo, (¿alguien dijo TLC?), y por supuesto no son sencillas porque tienen dos tipos de presiones encima, primero las políticas con un nacionalismo que en ocasiones parece que Kemal “el asesino” Ataturk no ha muerto sino que sigue manejando a sus huestes desde el mas allá intentando que nadie toque ninguno de sus temas tabú (¿alguien dijo petróleo en México?) y por el otro lado tenemos el atavismo de una clase religiosa que a pesar de vivir en un estado laico no se resisten a tener que responder a otra ley que no sea la de la Sharia. De tal manera que el pais se encuentra al borde del desgarro ya que es tirado en todas direcciones desde el centro. Por lo pronto hay que hacer notar que el pais se encuentra en la mira del mundo porque nos acaban de regalar un Premio Nobel en las manos del escritor Orhan Pamuk el cual grácilmente nos ha visitado en ésta columna en otra ocasión y ahora que me enfrento a una nueva novela quise hacer un recuento de toda la situación actual, la pasada está mas que explicada en los textos de Karen Armstrong y otros autores que nos han llevado a esa encrucijada en la que está situada la Anatolia. Pamuk es un escritor de talla mundial y que con su novela Mi Nombre es Rojo demostró que se podía escribir una novela actual utilizando los arquetipos de la escritura del Renacimiento en ese país ya mencionado. Su renuencia a aparecer retratados, realmente era algo superfluo si ya existía el ser viviente para que poner uno mas en éste mundo y si ya estaba muerto pues ya para que si ya no existe el sujeto (retórica sufí). Además el fino arte de la caligrafía en un ambiente como de CSI buscando al autor de un asesinato en el que el mismo muerto narra en capítulos aspectos y pistas que nos van llevando al asesino (¿Pedro Páramo?) Una novela atroz por la soledad del hombre en su búsqueda y en medio del caos imperante en ese tiempo en la ciudad de Estambul, pero al mismo tiempo iluminadora por la precisión del escritor en mostrarnos el verdadero sentido del alma turca que incluso permanece hasta nuestros días. Un libro que se lee y relee con gusto. De tal manera que quise conocer mas la obra de este brillante escritor y compré lo mas reciente (según el librero) y con una portada roja y un título en color diferente nos enfrentamos a un misterio que se desenvuelve en la búsqueda de una mujer que una mañana decidió tomarse unas vacaciones a su matrimonio y simplemente desapareció dejando tras de si una pequeña esquela de 19 palabras que en realidad no decía nada a su marido. ¿Dónde está Ruya? ¿Porqué se fue? ¿de que huye? ¿de si misma? ¿De la vida gris y opaca que lleva leyendo novelitas de detectives mal traducidas al turco? O ¿creyó que nadie la iba a extrañar? Son preguntas que el protagonista debe contestar mientras recorre palmo a palmo la ciudad buscando huellas que en ocasiones nos llevan hasta mucho antes de la fecha de nacimiento de los personajes y que nos muestra a los diferentes tipos de autómatas que parecen humanos y que pululan las modernas ciudades del planeta. Personajes enigmáticos con un pasado tormentoso que han decidido un buen dia soñar que son humanos otra vez. Una novela que me parecio excesivamente similar a lo que Saramago firma (y no es de ninguna manera un cumplido) y que por lo mismo a medio camino no sabía que atajo tomar para llegar mas rápidamente al final de la misma. Un hombre genial un libro no tanto y que me hace suspirar por su obra anterior donde creo yo reside el verdadero autor, el que aun no había sido descubierto y que siento era mas franco en su mirada y menos soporífero en su prosa. De cualquier manera lo seguiré leyendo. El Libro Negro (Alfaguara, 2006, $235.00, 578 pp.)

Alarde de Minuciosidad

Septiembre 3, 2006

A un Premio Nobel siempre hay que leerlo porque algo se te pega. Algo aprendes de los ejemplos de prosa y como van evolucionando a través de los tiempos. Claro que no todos han sido novelistas, algunos han sido poetas, dramaturgos, algún ensayista y el caso único, creo yo, de un historiador. Pero los que sigo son por supuesto a los novelistas. No soy un gran fanático del teatro solamente el que hace el TATUAS y sólo cuando sale Polidor, si no, no. De la poesía sólo el “Brindis del Bohemio” que escucho ocasionalmente y los resúmenes que me hace mi dilecto amigo el Paco Alcaraz y la historia, aunque soy un gran seguidor y estudioso de ella no la sigo con la regularidad que debería. De tal manera que sigo leyendo novela y como les decía renglones mas arriba a algunos Premios Nobel aunque pequen de pesados y aburridos como uno muy reciente de Portugal a quien endiosan y a mí en lo particular no me divierte, siento que hay mas vida y entretenimiento en la Sección Amarilla, sobretodo ahora que trae cupones recortables, que en sus libros. Ahora en esta semana me enfrento a uno que ya había engalanado esta de por sí ya festiva columna y es el caso del yugoslavo Ivo Andric de quien ya habíamos comentado su excelente Un Puente sobre el Drina que me causó una impresión que aun no se disuelve a tres años de distancia y novela que merece ser mas conocida entre nuestra comunidad por la manera de relatar una historia envuelta en tiempos tan aciagos como los que le sobrevienen a un pequeño puente primero de madera y luego de piedra que al estar sobre un paso importante comunica a Asia menor con Europa y al sur con el norte de esas mismas regiones. Una obra importante que merecería ser estudiada por cualquiera que desee aprender la narración desde el punto de vista de un objeto inanimado e incapaz de influir sobre los acontecimientos que observa impasible y firme en su sitio. Uno de mis libros favoritos de los últimos tiempos seguramente y merced a eso le tomé prestado a un amigo (gracias Paco) su otra novela de relieve y es la quiero comentarles esta semana. El libro es otra crónica aunque el alcance es mucho menor ya que solo cubre siete años en un punto muy específico de la historia y es el de principios del Siglo XIX y cuando Napoleón se encuentra en el cenit de su larga carrera marcial que lo cubrió de gloria mundial y para lo que requirió distintos cónsules en diferentes partes del mundo que eran necesarias para mantener engrasados los ejes del comercio que florecía al necesitar los mismos ejércitos de todo lo requerido para la buena marcha de los mismos: algodón, trigo, especias, todo pasaba por ahí y para eso debía de nombrar embajadores y cónsules que supieran interpretar las maneras secretas y enigmáticas de los visires, beys, Padishas y diferentes personalidades que al ser tantas terminaron hundiendo el imperio otomano a fuerza de burocracia y reglas que en muchas ocasiones eran contrarias unas a otras. En ese entorno es donde se establece en una pequeña población llamada Travnik primero un embajador francés y su familia y pronto le sigue los pasos el embajador austriaco para estar al pendiente de todo lo que se hace en esa población fronteriza. Una narración que de ninguna manera está a la altura del primer libro mencionado de este autor, dado que nos hace caer en un mar de datos menores y meticulosos que no nos dicen nada a fuerza de decirnos todo. Desde lo que gustaba de comer hasta lo que se tomaba y la clase de plantas que tenían en el jardín, la manera en la que los cuatro doctores del pueblo habían llegado ahí, lo cual no contribuye de ninguna manera a la narración y nos carga un capítulo completo de información inútil. De tal suerte que como documento histórico tiene algún valor documental ya que el estilo es sumamente primitivo y me recuerda en ocasiones a la prosa lenta y sinsentido de Jakob Wassermann y por supuesto a la del otro Premio Nobel que ya mencionamos. Si dispone de tiempo por ser usted jubilado o porque está enfermo y le obligaron a guardar reposo entonces y solo entonces busque esta novela que le llevará a tiempos remotos donde las cosas discurrían de manera tranquila, donde en lugar de buscar que un Tribunal decidiera el futuro de una nación había hombres que mejor armaban un ejército para invadir algun otro país mientras esperaban resultados. Crónica de Travnik (Debate, 2001, $220.00, 475 pp.)