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Mi amigo Carlos

Abril 29, 2007

Mi amigo Carlos me invitaba a las reuniones de los viernes por la noche, en donde consumíamos bebidas etílicas (nombre científico de la Caguama) y escuchábamos Rock Progresivo. Lo hicimos por años, sin embargo me tocó acompañarlo junto a Lina su hoy esposa a algunas bodas y quince años y una vez ahíto de las mencionadas bebidas intentaba convencer al DJ que le pusiera Yes o Pink Floyd a la dilecta concurrencia, argumentando que si se podían bailar. Nos sucedió varias veces y nunca entendió porqué en las bodas no se cantaba al ritmo de Greg Lake del primer disco de King Crimson (el mejor de todos). Me viene a la memoria esta anécdota porque Irad Nieto acaba de publicar su primer libro de ensayo llamado El Oficio de Conversar (H. Ayuntamiento de Culiacán, 2006, $80.00, 87 pp.) en el que nos entrega algunos de los ensayos que ha publicado en diferentes revistas nacionales de cultura, son muchas, así que obviaré la lista para decirles que lleva un buen camino en convertirse pronto en un nombre conocido del establo de “percherones” que brincan de revista en revista hasta que encuentran la que mas se acomoda a su corriente de pensamiento. Pero aquí surge la pregunta ¿cuál es la corriente de pensamiento de Irad? Pregunta clave y muy grave, porque es mas sencillo de responderla utilizando el método indirecto. Me explico, si Irad hubiera sido un habitante de la antigua Alejandría en época del incendio de su famosa Biblioteca, estoy seguro que hubiera entrado haciendo peligrar su vida a rescatar todo Homero, todo Píndaro, Safo y aun Platón, pero no se hubiera molestado con las obras de Eratóstenes, Arquímedes o Pitágoras. Por lo que la posteridad estaría a salvo leyendo toda la lírica producida por los antiguos no importando si hubiéramos que tenido que comenzar de cero en el estudio de la geometría y la astronomía. No existe vida fuera de la literaria, no existe mas que una sola Literatura: la que se escribe con mayúscula al principio. Alrededor de eso existe un gran vacío, un erial del que no vale la pena ocuparse. Y esa es su mayor fortaleza y su mayor debilidad también. No todos somos como él. No todos tomamos una pluma de oro y la sumergimos en un tintero de plata bruñida para escribir. Algunos somos mas pedestres y no vislumbramos a la posteridad con cada verbo, el infinito detrás de cada adjetivo sino que escribimos para pasar el tiempo, para llenar renglones o la despensa. Por supuesto que cada Religión necesita sacerdotes y esa es su función: corregirnos de desviaciones, flagelarnos cuando hemos pecado y perdonarnos (en muy pocas ocasiones). Sus ensayos son fríos por la mirada clínica en ocasiones y se agradece la corrección sobre textos a los que cometimos el pecado de tomar a la ligera. Irad no transige, A Sangre Fría es “una obra maestra de la Literatura” (discrepo, no del todo) y de Un Asesino Solitario nos dice que “si no fuera por su especial habla, el héroe sería absolutamente plano”, pero de la misma obra nos dice “salvar a las palabras de su fugacidad, de su ser transitorio, como quería María Zambrano, es la finalidad del que escribe. Pero se hace con imaginación. Esto se logra a medias” (coincido). Lo importante es la visión del ensayista sobre todo lo que ve y lo rodea. Lo mismo Zaid, que Reyes, Paz y Montaigne todos tienen lugar en esta sucesión (muy corta) de ensayos que van echando luz a esos rincones del pensamiento que tenemos olvidados. Un placer leerlo porque lectores inteligentes son escasos y aun mas los lúcidos que se obstinan en poner en palabras el devenir del pensamiento. Mi amigo Irad al final busca hacer conversos a la Literatura en medio de tanto ateo, exactamente como Carlos mi amigo con el Progresivo, y por cierto la última vez que lo vi (a Carlos) hace muchos años en su casa con su esposa intentó (sin éxito, nunca di mi brazo a torcer) grabarme un casete de Emmanuel con canciones de Manuel Alejandro, una obra maestra en sus palabras (se cambió de Religión). Yo si soy flexible pero no tanto.

Programa El Café en la U de O

Septiembre 30, 2006

Paco, Gerardo, Oscar Fidel, Irad y yo
475 ANIV. CULIACAN 007 29 sep 2006
Muchas gracias a nuestro buen amigo Oscar Fidel González Mendivil Director del Campus Culiacán de la Universidad de Occidente quien nos invitó a compartir en vivo la experiencia de hacer un programa sobre Literatura como lo es El Café, el cual es transmitido todos los sábados de 9:00 a 9:45 por Radio UAS Link y que nos permite al poeta Francisco Alcaraz, al ensayista Irad Nieto, al todólogo Gerardo Osornio y a un servidor hablar de nuestra pasión por los libros y su historia. En las fotos estamos en el espectáculo a cuatro voces y un presentador llamado “Yo solo se que no leo nada” y que disfrutamos enormemente haciéndolo en vivo. Pueden ver una foto de la concurrencia y a nosotros en la otra foto. Yo estoy pensativo y con un café en la mano, pero no se preocupen no estoy pensando nada profundo, sólo como pagar el lunes unas cuentas que debo. Muchas gracias a todos en la U de O, incluído el staff por supuesto y esperamos otra invitación.

Se acaba la fiesta

Septiembre 8, 2006

La fiesta ha sido muy larga para un escritor sinaloense bastante conocido. Una extensa ceremonia en la que todos hemos sido testigos de la celebración, del jolgorio y de las festividades. Ha sido ensalzado, ha recibido jaculatorias y ha sido entronizado por sus simpatizantes. De alguna manera la vida le ha sonreído y lo ha cobijado para que nada malo le suceda, no cabe duda de que en cierta medida es un “elegido” para contar la historia de su pueblo, de esa sociedad cuya lógica se me escapa, de esos habitantes de una ciudad lo mas parecida a Macondo que he visto, por el Realismo Mágico que vemos en cada esquina; en efecto, de cualquier piedra que levantes salen dos mujeres que harían humilde a cualquier Señorita México, una ciudad donde los egresados de una carrera no encuentran trabajo y miles de jóvenes que sin haber estudiado siquiera traen automóviles de importación acompañados, ustedes lo adivinaron ya, de las dos mujeres que salieron de debajo de la piedra y los egresados universitarios, bien gracias, haciendo cola en las empresas a ver si les tiran un puesto de siquiera 3 salarios mínimos. Esa es la ciudad donde vivimos y esa es la sociedad que retrata en cada uno de sus libros el autor ya antes mencionado. La opinión del público ya ha sido dada cuando de su primera novela se han tirado ya 16,000 ejemplares, pero ¿qué hubiera sido de la obra de Leonides Alfaro Bedoya si no hubiera sido por Leonides Alfaro Bedoya? Tal vez ya hubiera perecido en la desmemoria, pero afortunadamente el primero que creyó en él es por supuesto el mismo autor que se ha dedicado en cuerpo y alma a promoverse en todos los foros habidos y por haber y merced a ese empuje ha visto su obra ser publicada en otros continentes, a pesar de todo ¿y César López Cuadras? Bien gracias. Gracias a esa bujía siempre encendida, a ese motor bien aceitado, a esa tenacidad estoy seguro que con un poco mas de esfuerzo va a ser candidato al Premio Nóbel, Leonides es capaz de eso y muchas cosas mas, estoy convencido que si se lo propone van a hacer obligatorio en las preparatorias La Maldición de Malverde en lugar del Pedro Páramo una vez que haya muerto el autor y se celebren sus exequias. Sin embargo la opinión de esta columna casi nunca está en sintonía con la opinión pública ( o mas bien a la opinión pública no le interesa lo que se diga en esta columna, para los tres que la leen) y después de haber leído su última novela me siento en bastante desventaja al tratar de hacer una crónica de ella, en primer lugar porque la música de banda no me gusta, los narcos me dan risa por nacos y nunca he sido muy devoto del Santo que tiene su templo sin campanas por allá por los rumbos del Palacio de Gobierno. Asi que a pesar de todo eso intenté leerla y para mi sorpresa después de las primeras 15 páginas descubrí que era muy buena (así lo dije en un programa de radio) pero desafortunadamente todavía tenía por delante otras 220 páginas mas que me dijeron que estaba equivocado. El planteamiento original es adecuado, la premisa es buena, la presentación editorial es bastante sorprendente para haber sido una edición de autor y la inclusión de elementos sobrenaturales es una afortunada decisión de parte de Leonides, pero hay muchas circunstancias que impidieron que esta fuera una obra memorable, la mas importante de todas es la nulidad ortográfica de la edición, de hecho pierdes el hilo de lo narrado por estarla revisando por errores ortográficos (ombligo es sin h) además nunca jamás alcanzan sus personajes alguna profundidad psicológica que los redima y nos expliquen exactamente porqué actúan de esa manera, los diálogos son primitivos en algunos casos y además la investigación detectivesca es de risa loca, junto con el periodista que viene a investigar los asesinatos (mal personaje). Y es una lástima que teniendo todas las cartas importantes en la mano el escritor pierda el juego, porque siendo honestos el libro tiene momentos brillantes: el diálogo con la cabeza del padre, el asunto de la cervecería que no existe, un asesino serial en Culiacán, las fotografías, etc. Lástima que Leonides no tuvo un editor a su lado que le hiciera ver como “cerrar” bien su libro y como conjuntar los elementos para que hubiera sido sin ningún lugar a dudas, un gran libro que me hubiera gustado recomendar a todo el que se me pusiera delante en lugar de estar escribiendo esto. Pero esta es sencillamente mi opinión y ¿que puedo yo hacer contra la opinión del grueso del público? Seguramente se venderá por cajas. Pero bueno, a fin de cuentas el luchador de Leonides se lo merece, yo lo admiro por eso. En el Casi Ombligo del Mundo (Godesca, 2006, $150.00, 235 pp.)

Voces del norte

Agosto 25, 2006

Por años le he estado pidiendo a mi amigo Rafael Valdez Aguilar el que se ponga a hacer un poco de entretenimiento con la historia del noroeste. El que llene los huecos que como queso gruyere conforman lo que conocemos como “historia oficial” . Unos porque no sabían escribir y otros porque estaban ocupados “apaciguando” indios el caso es que hace falta historia documental sobre la conquista de este territorio agreste plagado de acaxees que veían a los españoles y a sus caballos como niño que ve una bolsa de papas fritas: con cara de hambre. Deben de existir historias maravillosas sobre ese pasado tan reciente: de amor, lo mismo que de guerra, cuentos para niños y algunas historias que seguramente “pararían lo s pelos de punta” de cualquier sicario que se respete por lo violentas. Y sin embargo a ningún historiador le ha dado por contarlas, tiene que venir un becario profesional como César Ibarra a hacerlo, inventando ahí donde hacía falta (que es la mas de las veces) y poniendo historia ahí donde se sabe de seguro. César trabajó algunos años en Difocur y se dio cuenta que teníamos ganas de escuchar otras historias que las de “cholos” que pululan por su primera producción. Esas ya fueron exploradas por su maestro Elmer y por su contemporáneo Leonides ( o Leónidas o como se llame esta semana) esos personajes del Culiacán de los setentas y ochentas que todos conocimos y todos usamos para asustar a algún júnior que nos quitara una novia: “vas a ver, te voy a echar a mis amigos de la Rosales” como grito para que el sujeto anduviera con precaución unos días. Pero aún de esa época no se ha escrito la obra definitiva, aunque pensándola bien a Sinaloa le hacen falta historias definitivas de todo: la gran novela del narcotráfico, la gran novela del Odilón, la gran novela de los migrantes de Oaxaca, etc. De tal manera que nuestro amigo Ibarra se apunta para escribir la gran novela de la conquista del noroeste del país y no lo consigue, pero en el camino se divierte y nos hace pasar a nosotros un rato agradable leyéndola. El resultado es un libro que maneja un buen lenguaje, un lenguaje creíble, hay que darle puntos extra por la tarea que se aventó el César al investigarlo, pero se parece su obra al mapa de Inglaterra de los años setenta: está lleno de caminos hermosos que no conducen a ningún lado. Promesas, sugerencias, “fintas” que indicaban tal vez la redención del texto y el desarrollo de alguna trama inusual que nos permitiera continuar embelesados con el florido lenguaje que maneja. Pero el texto discurre con normalidad, sin atrevimientos, al “mirón” lo decapitan abruptamente antes de que el libro tome un derrotero interesante y Flor de Agua se antoja muy Señorita México para ser cierta. Ayapín es impetuoso, pero no logra ser un personaje principal por mas que deambule por todas las páginas del libro. No fue personaje tampoco la ciudad de Culiacán, ni el eterno encono entre los conquistadores. Todo pasa muy deprisa y sugerido, pero la acción de guerra estuvo falta de ese golpe frontal que hubiera hecho rendirse a la ciudad. En fin, el caso es que me hubiera gustado que el literato hubiera prevalecido y el libro hubiera adquirido una dimensión extraordinaria, no terrenal, mas incorpórea, tal vez, mas tórrida o mas marcial, pero el libro terminó asi constreñido por los sellos que abundan por todas partes: Forca, Conaculta-Cecut, Difocur y otros mas que dado mi provecta y avanzada edad no alcanzo a distinguir mas que como “borrones” en la parte posterior. De tal manera que ése es el libro que salió de tan larga gestación y que intercala lo mismo texto propio como parte de la crónica de Gonzalo López. Un texto decente que seguramente será una estación en el camino ascendente de este escritor sinaloense. César nos muestra que como Elmer, ël también es un avaro coleccionista del lenguaje y que merced a eso nos dará mas textos para la eterna gloria de las letras sinaloenses y su panteón inmortal: Nakayama, El “Guacho” Félix, Mendoza, Alfaro, Aragón, Rodríguez, et al. De tal manera que mi César sígale escribiendo que esa historia maravillosa aun está por venir. Cruz del Norte (Forca, 2005, $120.00, 145 pp.)