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México de mis recuerdos

Diciembre 11, 2006

En la vida de todo intelectual nacido a finales de los años cuarenta o a principios de los cincuenta hay una especie de tradición que hay que cumplir, es su viaje a la Kaabah que deben hacer por lo menos una vez en su vida. Explicar que estaban haciendo el 2 de octubre de 1968 y ¿por qué si supuestamente estaban en Tlatelolco no están muertos?. He oído las más distintas explicaciones, desde las más inverosímiles hasta algunas que me tenían al borde del asiento, los libros sobre la materia abundan y el mejor sigue siendo el de Elena Poniatowska, crudo, cruel pero que a mi ver es el que refleja mas fielmente lo que sucedió ese día tan negro que descendió sobre nosotros y desde entonces nos dejó su marca en nuestros corazones, mancha que 30 años de historia no han podido borrar. Fiel a esta tradición Paco Ignacio Taibo II nos regala su producción 68 (Planeta, 1991, 116pp) en él, el autor nos pasea en los meses previos a la confrontación esos días tan aciagos de la lucha que se dio entre el Comité Nacional de Huelga y ese señor tan terco y tan poco político como lo fue Alfredo Díaz Ordaz. No intenta ser una crónica exhaustiva, sino una colección de hojas sueltas con los apuntes que Paco Ignacio tomó al viajar siempre a todos lados con su libreta de apuntes, una costumbre que al parecer compartía con otras personalidades como la Poniatowska o Carlos Fuentes, que no se dejaban ver en ningún lado sin sus cuadernos, pero eso era porque los tiempos que les toco vivir eran interesantes. Si quiere formarse una mejor opinión al respecto por favor, por favor no vea a Zabludovsky, es la cara del enemigo, el lobo con piel de oveja. La catarsis funciona para Taibo, ya que podemos observar como va soltando el lastre que lo ata y como nos lleva de la mano por las calles del DF en especial esas corretizas nocturnas en la que se jugaba la vida por repartir volantes o imprimirlos en las prensas secretas. El libro solo presenta un lado flaco y es la parquedad a la que en esta ocasión se ciñe el autor, no se agradece, se queda uno esperando mas, pero la prisa por escribir el siguiente volumen siento que cortó lo que pudo ser un libro más gratificante de haber sido de mayor extensión. Anótelo en la lista de los libros oficiales sobre Tlatelolco pero lo más importante es que lo lea y se entere del día en que la modernidad llegó a México y lo hizo por la puerta de atrás, por donde se saca la basura. Y usted ¿qué estaba haciendo ese día?. ¿Se acuerda?. Como lo dice el poeta:
Otro tiempo vendrá distinto a este/ y alguien dirá/ debiste haber contado otras historias. No hay mas cera que la que arde y esta es la única historia que debe contarse.

Por Fin una Mujer

Diciembre 4, 2006

No es fácil escribir un artículo sobre Paco Ignacio Taibo II, en primer lugar es un escritor tan prolífico que para cuando uno escribe un artículo sobre su última novela esta resulta ser la penúltima porque ya salió otra. Con los sistemas informativos tan atrasados que tenemos aquí en México es difícil tener información crucial como la bibliografía en orden para poder determinar el hilo de ideas sobre las que fue trabajando su creador, pero la lucha se hace. En mi reciente y último viaje a una céntrica librería salí cargado con una bolsa repleta de libros de Taibo. El primero que salió de la bolsa es el ¿segundo? de la serie de Olga Lavanderos, su alter ego periodista y mujer que se dedica a meterse en problemas (fácilmente) y a salir de ellos (con bastante dificultad). Una heroína detectivesca es difícil encontrarle precursora en la literatura anglosajona y en la mexicana pues aun más. Pero aquí esta ¿señorita? se dedica a pelearse no solo contra el gobierno en su conjunto, sino con la curia, con la iglesia hemos topado Sancho. La novela trae su buena dosis de cotorreo, lo que yo creo es la impronta del señor Taibo y en realidad el libro Que todo es Imposible (Ed. Roca, 1995, 121pp) es un ejercicio de imaginación en la que el juego detectivesco es el vehículo que mueve la trama. Pero la realidad es que la necesidad de burlarse un poco de los “ensotanados” y tal vez un poco del lector que gastó sus últimos $65.00 en este libro es lo que uno adivina, como las principales intenciones del autor. Uno puede imaginarse la gruesa figura de Paco Ignacio desternillándose de la risa al escribir cada una de las páginas. Y eso es una de las cosas que me gustan de Taibo, no se toma demasiado en serio, no se cree García Márquez ni Octavio Paz y eso se agradece. En fin, se nota cierta prisa por terminar la obra, tal vez los plazos de los editores tienen algo que ver aquí, pero si lo que estaba buscando es divertirse y disipar el mal humor causado por la compra de uniformes escolares o el pago de las colegiaturas de los chamacos yo creo que esta es una muy buena opción. No puedo hablarle sobre los otros libros de la serie Lavanderos, porque no los he leído pero seguro que los voy a buscar, después les platico porque de momento estoy terminando el segundo libro que les describiré en mi próxima entrega. Déjeme hacerle una última pregunta ¿ realmente cree que el Papa vino a México a negociar la entrega de un tesoro cristero? Como que ya le entendí a tantas vueltas que ha echado en los últimos 15 años. Un libro con olor a chunga pero que nos reconforta a todos los que nos sentíamos asediados por la CIA Jesuita. Sólo por el placer de leer sobre una mujer en este mundo tan chauvinista que tenemos yo compraría este libro. Además no todos los días nos visita un autor de la talla de Taibo.

Lucha de gigantes

Septiembre 23, 2006

Y lo hizo, parecía que no, pero así fue. Las manos sudan, las circunstancias obligan a desesperadamente morderse las uñas, no es para menos. Y es que cuando Paco Ignacio Taibo II es bueno, es excelente. Cuando está inspirado no hay quien lo detenga y en Días de Combate (Planeta, 1997, 225 pp) se nos muestra a un escritor en plenitud de sus facultades, un Taibo despierto que nos lleva de la mano a través de la jungla de asfalto de la ciudad de México y a lo largo de sus calles solas a la madrugada y llenas de gente durante el día. Una ciudad que produce desde lo mas sublime hasta lo más deleznable que se conoce. No es por nada que el sustantivo de origen “chilango” es usado de manera despectiva en todas partes. El asunto es que un asesino anda suelto, “Cerevro” ataca asesinando mujeres indefensas y nadie sabe porqué y cuando atacará de nuevo. En esta su primera aparición novelesca Héctor Belascoarán Shayne ha renunciado a su trabajo como ingeniero en la General Motors y a su vida matrimonial para dedicarse en cuerpo y alma a perseguir, sin que nadie se lo pida, al tal “Cerevro”, lucha que al final se convierte en personal cuando el asesino comienza a dedicarle sus actos. El retrato que nos pinta el escritor en esta novela es muy similar a lo que debe haber sentido cuando dejó su trabajo en la revista “Siempre” para dedicarse a escribir novelas de misterio, uno siente la angustia en cada acción que se desarrolla, el no tener dirección hacia donde moverse, cualquier lugar es bueno y es esa angustia la que soporta el peso de la novela y la transforma en esa obra tan especial que es. Sin esa angustia y ese pathos no pasaría de ser un libro más. La lista de personajes y su peso dentro de la obra es importante, como lo es el hecho de que Belascoarán y la muchacha de la cola de caballo no lleguen a consumar su amor. Habría hecho ordinario todo el asunto. Cabalgando en el camino iniciado por ese genio que fue Dostoyevsky con su obra Crimen y Castigo, obra que nos presenta al criminal y su deseo interior en ser castigado, “Cerevro” es en realidad un niño malcriado que desea ser encontrado, sus acciones son búsqueda desesperada de identidad en un mundo que te niega el reconocimiento y en el que debes buscar tu lugar. Sus crímenes nos recuerdan mucho a la serie que se ha encontrado en Cd. Juárez últimamente y quien sabe si el asesino se inspiró en esta novela para cometerlos. Un Copycat como dirían los del FBI. En fin si lo que busca es relajarse una tarde de Sábado o pasarse un Domingo sin ver a la suegra mejor entierre la cara en esta novela y disfrute a un escritor en busca de si mismo y en el proceso nosotros lo descubrimos a el, descubriéndonos nosotros mismos.

El Viajero

Septiembre 8, 2006

Continuamos analizando la obra de Paco Ignacio Taibo II. A raíz de su visita a Culiacán se nos ocurrió que podía ser de utilidad el hacerlo, como un ejercicio para “agarrarle” el gusto a algunos escritores mexicanos que teníamos muy olvidados. Venía Taibo promocionando su nuevo libro llamado Arcángeles, y en él uno de los personajes mas desdibujados era el de Sebastián San Vicente, ese anarquista español que nos visitó en la década de los 20´s para realizar su obra de concientización de las masas, la verdad era que no lo aguantaban en ninguna parte. Y digo que es de los mas desdibujados porque en realidad como fueron personajes que se movían en la clandestinidad no dejaban muchas huellas de sus pasos. En un intento para corregir esta situación el escritor ayuda al periodista llenando los huecos que se puedan presentar en la historia. De Paso (Ed. Roca, 1995, 169 pp) es ese libro que cuenta esa vida y su influencia en el México recién salido del experimento que conocemos como “Revolución Mexicana”. La vida de este revolucionario de izquierda está llena del misterio que envuelve a los espías, a los guerrilleros y a todos esos personajes que pueblan las novelas de suspenso. Nacido en Gijón, España, esto es en el mismo lugar que el escritor, y después de ser expulsado de su país llegó a Estados Unidos, donde sufrió la misma suerte para trasladarse a Cuba de donde tuvo que salir de incógnito y desembarcar en Tampico, punto en el que da comienzo oficialmente su historia en nuestro país, primero como enviado especial de los obreros de ese puerto a un congreso nacional en el DF y después como coordinador de las huelgas en la región de Atlixco. Coordinación que le valió la persecución policiaca y su expulsión del país hacia Guatemala, ingresando clandestinamente para seguir llevando adelante su labor. Incansable, terco y definido en su posición en la vida este personaje sabía que siempre estaba de paso que no tenía, ni tendría un lugar al cual llamar hogar, esa era una noción que no existía para estos revolucionarios. ¿Qué tan interesante puede ser la vida de esta figura? ¿Qué lecciones podemos sacar como conclusión del libro? En realidad estamos muy lejos de esos días de finales de los 70 en el que ser de izquierda tenía cierto élan, ahora mismo ya no son una opción válida en casi ninguna parte del mundo, por lo que su vida carece de una significación real para la mayoría de los lectores. Como experimento que quiso ser pasa pero de ahí a convertirse en lo que pretende como una novela que encienda las pasiones por el anarquismo, pues no. Taibo tenía una espina clavada y era la de contar a como diera lugar la historia de este personaje misterioso y el recuento de sus correrías que se pierden en la bruma de la fantasía de las luchas huelguistas del Palacio de Hierro, de los tranviarios, de los panaderos. Me gustó la descripción de ese México que todavía no tenía PRI pero que trabajaba muy incansablemente por conseguirlo. Se refina poco a poco el lenguaje y nos acercamos a su tal vez mejor libro Cuatro Manos, pero eso será otro día.

Que bonitos angelitos

Septiembre 3, 2006

La izquierda mexicana está de plácemes, por fin alguien que les hace justicia, y en ese grupo me incluyo yo mismo, hace mucho que me sentía mal, que sentía que la vida no valía nada, la caída del muro de Berlín fue para muchos de nosotros una experiencia frustante. El hecho de observar las imágenes por televisión y los sabios comentarios de la familia Zabludosky casi casi atribuyéndose ellos mismos ser los autores de la caída del sistema en Alemania del Este. Fue un duro golpe para algunos de nosotros que en algún momento de nuestra vida fuimos aunque sea ligeramente rosados hasta algunos de mis amigos que eran furibundos marxistas. Mi vida no fue tan colorada, solo algunos cócteles en la embajada de Nicaragua y en la de Cuba, pero lo hacía mas por acompañar amigos que para oír las diatribas anticapitalistas que nos enjaretaban.
Esto viene a colación porque ya tenemos en nuestras manos la nueva producción de esa figura tan compleja y sui generis que es Paco Ignacio Taibo II, Arcángeles (Planeta, 1998, 356pp) es el recuento de la vida de doce revolucionarios herejes del Siglo XX, doce historias fascinantes que de otra manera quedarían perdidas porque no pertenecen al santoral oficial de la izquierda, pero el hecho de que sean de izquierda es incidental, lo importante es que se trata de hombres (y mujeres) que lucharon por mejorar las condiciones de vida de nuestros semejantes, aun a costa de su propia vida personal, ninguno de ellos pudo llevar una vida familiar normal por su condición de revolucionarios. ¿Sabía usted que tuvimos en nuestro país un alcalde comunista?, pues así es en efecto y lo hicimos mucho antes que el experimento de Salvador Allende en Chile, el recuento de esa experiencia la encontrará en las páginas de este libro. Pero la historia que se roba el libro es la crónica de la “tranquila vejez” de Librado Rivera, quien se metió a revolucionario a la tierna edad de 61 años, causando tal revuelo que tuvo en jaque a la ciudad de Tampico y sus andanzas eran bien conocidas aun fuera del país. Realmente de película, una historia que bien vale la pena contarla y que sea escuchada por todos. ¿Ficción o hechos reales?, la pregunta es intrascendente, nos encontramos ante un libro que va mas allá de los límites de esa pregunta. En teoría con este libro se está haciendo la “apología de la derrota”, pero mas bien fue una victoria oculta, de otra manera aun seguiríamos en el capitalismo de Dickens, con horarios de trabajo de 12 horas diarias y sin derecho a vacaciones. Muchas gracias de nuevo Paco por darme armas para defenderme, por fin tengo algo que argumentar cuando veo a mis primos que siempre han votado por el PRI y siempre han visto con sospechas tantos viajes a Cuba y Centroamérica, iba a ver a las cubanas no a Fidel.

Tiempo nublado

Agosto 26, 2006

Aprende uno a quererlo, después de un tiempo, a extrañarlo cuando no lo tiene uno a mano y es que con la mala leche que se carga y las novelitas que se leen de un sentón pues se vuelve vicio. El mismo que tenía mi papá con La Novela Policiaca, no confundir con la Novela Sentimental que era la de mi abuela, pero yo me fletaba las dos que salían semanalmente, para el caso daban lo mismo, lo que se buscaba era olvidarse de las penurias que te envolvían. El asunto es que Paco Ignacio Taibo II ya se parece a Marcial Lafuente Estefanía, ese que sacaba novelitas de vaqueros de a 3 por semana o Louis Lamour para los que leen en inglés que sacaba libros de vaqueros hasta para aventar para arriba. No es que le falte calidad, la tiene de sobra, pero la prisa por trabajar los libros hace que sea muy dispareja la producción y algunas francamente como diría el gran filósofo Mario Moreno “Cantinflas” pos nomás no. El caso es que después de leer Algunas Nubes (Joaquín Mortiz, 1993, 125 pp) pues queda ese pequeño resquemor de que le conocemos mejores cosas al Taibo, la novela es un pequeño ejercicio detectivesco, como las que se escriben para calentar motores ante de un buen libro. De la serie de Héctor Belascoarán Shayne, ese ingeniero retirado metido a detective, quien se encuentra descansando en Sinaloa, específicamente en Puerto Guayaba por si se preguntaban exactamente dónde y hasta allí llega a buscarlo su hermana para proponerle un nuevo y sorprendente caso, que dejaría triste hasta a Doña Agatha Christie, de lo enredado que está. Las aventuras se ven muy sobadas ya y lo único interesante aquí es el fascinante juego muy surrealista de que el detective le pide ayuda al propio Taibo para resolver el caso, describiéndose tal cual es en realidad y ayudando en lo que puede, aunque al final deba pagar con su propia vida el haber incursionado en sus mismos libros muy a lo Hitchcock. Hasta donde se sabe es uno de los libros de mayor éxito de este escritor, incluso filmada como película, pero la verdad es que la trama no levanta del suelo y no llega a las alturas de Días de Combate, La vida Misma y otras de detectives que le conocemos. La descripción de la vida gansteril de la ciudad de México se parece mucho a las películas de Juan Orol, con rufianes acartonados que fallan a la hora de la hora y una policía incapaz e inútil, una constante en la literatura de Taibo. No he visto la película ni sé dónde se filmó pero con tanto buen libro de este autor para que venir a caer en esto, me gustó la descripción de una ciudad de México en plena crisis de principios de los 80 como a mí me tocó vivirla. Señores no perdamos mas tiempo porque queda mucho por leer, así que los veo la próxima semana